¿Hasta dónde llegarías por pisto gratis?

Otros títulos que fueron pensados para esta nota;
¿Qué harías con pisto gratis y depresión?
¿A dónde nos lleva el pisto gratis y un mal rato?
¿Hasta dónde llegarías por pisto gratis?
¿Qué harías por salir de la rutina?
Desperté en Juárez con unos tacos y estado de ebriedad
¿Hasta dónde es capaz de llevarte un “Culo si no”?
Guácala que pisto.
(A este punto ya no tienen sentido los títulos)
Por: Gerardo Sánchez.

Jueves 20. Día normal, chingo de jale y chingo de tarea, pero como todo ser humano estaba tan cansado que no podía ver a un solo godín con traje sin querer darle un abrazo y decirle “te acompaño en tu dolor”, soy un firme creyente en que estar en constante estrés y vivir en rutinas, acorta la vida de la gente, por eso lo que pasó ese día, estaba destinado a ser un giro totalmente distinto a un día normal, muchos soñamos con viajar y vivir experiencias bonitas, pero yo te contaré la mía de cómo de “escuchar rolas con mis homies” se volvió una carrera al estado de ebriedad.

¿Alguna vez has preferido pistear antes que comer? Ese día venia de mis vueltas y tenía planes en la noche de ir a un show en un venue local, traía bastante tiempo libre encima pues me desocupé como a las 5:30 de la tarde y el show era a las 9, tuve incluso tiempo de llegar a una plaza para cargar la batería de mi celular que nada más dura 3 horas, mientras intentaba decidir si comerme una deliciosa langosta que me esperaba, tan rica y jugosa, o si gastarme mi feria en pisto con mis compas más tarde, creo que salí ganando cuando estaba por fin comiendo y mandé a chingar a su madre mi salud, a lo mejor no era la langosta que les dije, pero me gusta decirle así a los hot dogs tiesos con coca sin gas que venden en las tiendas de conveniencia para munchear a cambio de exactamente $32 varitos ¿Me leí muy mamón verdad? Yo también estoy decepcionado.

Hacía un chingo de calor, cosa que no me extraña de Monterrey, por lo que nos quedamos afuera un rato mis amigxs y yo fumando y platicando en lo que comenzaba el show, más tarde un compa hizo la clásica señal de las “caguamieles” como le gusta decirles y nos aventamos para aprovechar el BYOB que tanto nos gusta en las tocadas. Bailando, cantando, llorando, riendo y hasta un cabrón vomitando, ya estaban bien ambientados los de adentro y el calor no dejaba de sentirse hasta que traías seis o siete cheves encima, lo cual aseguro porque yo hasta frío tenía, y qué denso porque ni las 11 eran.

¿Alguna vez te han invitado a un after? ¿Sentiste que estaba forzado o sí tenías ganas de ir? El plan original de pistear con mis amigos de la música y quedarme en la tocada para luego irme a casa temprano tuvo un giro muy drástico cuando el clásico “culo si no” y el “wey estoy hasta el ano caeeeee” se fusionaron en una llamada telefónica para invitarme a pistear, además me ofrecían cheves gratis y era fácil llegar a pie, no lo pensé dos veces y me fui caminando, el pedo era que no revisé donde estaban y pasé por las calles más oscuras de zona obispado por alguna razón pendeja que mi cerebro alcoholizado no procesó.

Pregunto lo del after no porque estuviera forzado, lo que sí estaba bien forzadote eran mis ganas de tomar, todos tenemos una razón, ¿cierto? Algunos por despecho, otros lo hacen nada más porque sí, y algunos sólo por diversión; lo cierto es que yo lo hago para escapar y olvidarme de las cosas que no he logrado, los malos momentos por los que paso, sentirse insuficiente o incluso los ataques que sufro a mi propia autoestima, son contadas las veces que lo hago pero no es mentira que se me olvida la cantidad de cosas negativas que pasaron en mi vida, y no es que viva en el pasado, pero eso no quiere decir que de vez en cuando hubiera preferido que no me ocurrieran tales cosas.

Ya que te expliqué lo erizo que estaba de seguir tomando y lo dispuesto a arriesgarme por pisto gratis, seguí caminando ebrio por las calles más oscuras de la ciudad. En una esquina me topé a unos vagabundos drogadictos semi-encuerados gritándose cosas y en otra unos menores de edad tomando en la banqueta que portaban un arma, no sé si venían juntos o qué pedo pero los ignoré y caminé un poco más rápido antes que notaran que los miraba, el centro en la noche suele contar historias muy exóticas de vez en cuando así que no me sorprendió tanto salvo el wey en trusa que corrió hacia mí con un envase roto en manos; le llamé a uno de mis compas y me guio para llegar al bar, entré y había un chingo de gente pero lo primero en sacarme de onda es que vendían burritos de 10 cm a $120 varos, y no mames, no estábamos ni en San Pedro wey.

Apenas me senté y me recibió una cerveza bien fría, “como tobillo de albañil” dijo uno de mis amigos pedísimo, ya sabía lo que me esperaba, pero no tan literal, ahora ves por qué; mis amigos pidieron otra ronda de cheves pero ésta ocasión tenían que ser unas clásicas turbo chelas, y quien perdía pichaba la siguiente ronda, quedé traumatizado porque no podía tomarme otra turbo chela así después de casi ahogarme, debían ser 3 más, chingue su madre mi hígado.

Ya no estaba seguro si se trataba de simplemente distraerme o si quería terminar en un hospital, ¿Qué mamada habrá pensado mi cabeza en ese momento? No recuerdo, pero te cuento que me estaba ya dando asco tanto alcohol y lo poco que queda en mi memoria es que unos amigos se fueron en taxi y sólo quedamos un compa y yo, subimos a la terraza para entrar en mood con la música y terminé encontrándome amigos que estaban en el show pasado del que me iba a ir temprano porque “no pasaban luego los camiones” pero en realidad me iba a un after. No estoy seguro que tanto balbuceé, pero ellos aseguran que les dije que “estoy bien mamadooooooo” y no me volvieron a ver en la noche; de hecho, me perdieron porque ya no había alcohol en la barra y mi homie y yo encontramos a unos weyes súper chill al fondo con una cubeta llena, salvaron la noche esos cabrones porque nos regalaron unas frías a cambio de cigarros, o eso pensé yo pero mi estómago no.

Y mientras veía un sin fin de mierda pasar soñar cantar bailar expresar platicar mal viajar cocinar diluir vivir exhibir y en el baño rebatir mis sentimientos vomitando frases y desfases de mis heces, qué más da ya estoy pedo no mereces más cosas cafeses en tu mente, ¿Te perdiste en el parque navegante? ¿O soy yo que te noto muy distante, ambulante? No te pierdas la historia sigue, ni te intrigues, ni aunque mendigue o te hostigue sólo quería explicar que me persigue el recuerdo de mi Guacareada.

Sólo recuerdo que me desperté en el último camión que pasaba y no supe nada de mi amigo un buen rato, pero había una bolsa de tacos a medio comer en el asiento de enfrente que alguien amablemente me dejó (o quizá olvidó) y me tragué, siempre estuve de acuerdo con el dicho “la basura de un hombre es el tesoro de otro”. Ya que estaba cerca de mi casa vi a otro par de vagos peleando por la última bacha de unos cigarros que se encontraron en la banqueta, pensé que esas madres no pasaban en la vida real, pero me quedé desde lejos viéndolos golpearse a karatekazos chuecos mal dados mientras también hacían sonidos tipo anime, cuando uno de ellos finalmente ganó le gritó al otro wey y a mí por mirón: “¡OJALÁ SE MUERAN UN DÍA!” Déjame decirte, que sí, efectivamente lo haremos carnal.

Horas después me marcó mi compa desorientado contándome que acababa de orinar en vía pública y casi lo agarra una patrulla, muy apenas llegó a su casa al igual que yo, pero llegamos al menos, quizá todo miado, pero es algo. Ese fue el día en el que arriesgué mi vida como 3 veces, por pisto gratis sólo porque me sentía un poco triste e insuficiente; es común tratar de escapar de mis malas decisiones o los errores que he cometido resguardándome en sustancias como ésa, pero pudo ser probable que, si pasaba a mayores, no la hubiera contado. ¿Por qué soy así? ¿Te has sentido igual?

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