Diego Gracida entre olas

Entre Olas #027 Odio

Texto: Santiago Caamal / Fotos: Diego Gracida.

Entre Olas es un espacio donde amigos hablan de la vida contemporánea y las diferentes virtudes de la juventud descontrolada. Esta semana Santiago Caamal nos odia.

Entre olas odio

Odio mojarme bajo la lluvia y sentir un charco en mis pies, para luego sentir las orejas frías al subirme a un autobús climatizado.

Odio la carne con azúcar, como esos conos de pan duro cubiertos de azúcar, rellenos de mayonesa y carne molida que sirven en las fiestas infantiles.

Odio cuando la comida hierve demasiado y me quema las papilas gustativas.

Odio el cielo cuando está nublado de un lado pero no del otro.

Odio cuando los camioneros me dan muchas moneditas de cambio, aunque me encante reunir las monedas de valor más pequeño para luego pagar con ellas mi siguiente pasaje como en un acto de venganza.

Odio cuando uno de los dos audífonos deja de funcionar, y más cuando estaba esperando con ansias la siguiente canción en la cola.

Odio cuando entro a un baño público y la persona que estuvo ahí antes no le jaló al excusado. Luego le jalo y dejo todo súper impecable en plan para que la siguiente persona en entrar al baño me agradezca, como un ser anónimo, quien quiera que sea y donde sea que esté.

Odio cuando me duele el estómago, y también cuando tengo migraña, pero odio más cuando me medico para dejar de sufrir por la migraña y me termina doliendo el estómago por la intensidad del medicamento.

Odio que no puedo tener una sola hoja de libreta sin algún dibujito o garabato mío por ahí entre mis apuntes y tareas. Aunque me encanta hacerlos, creo que es un rollo de hiperactividad.

Odio en general la escuela y a los maestros que abusan de su poder.

Odio el olor a pescado.

Odio la pirotecnia decembrina, cuando era pequeño compraba de esos frijolitos que no hacen ruido y sólo tiran luz, digo, es un espectáculo visual, así que no comprendo el afán o el chiste de querer hacer que algo explote y haga ruido. Sin más que eso, además asusta a las mascotas y creo que comparto ese odio con muchos animales.

Odio cuando la comida empaquetada del supermercado sabe a detergente en polvo, en especial las galletas.

Odio los semáforos con cada centímetro de mi ser, en especial cuando siento que no regresará nunca más a verde, siento que la ansiedad me consume estando varado en uno.

Odio el calor que desprenden los autobuses cuando están estacionados, en especial en esas épocas donde la ciudad en la que vivo se siente como si el sol nos quisiera destruir.

Odio cuando el conductor de autobús se baja a comprar algo o para ir al baño o lo que sea que haga que me retrase, aunque por otra parte empatizo con ellos y odiaría mucho más seguir todos los días la misma ruta muchas veces por hora.

Odio cuando los empaques de “abre fácil” no son tan fáciles de abrir y termino rompiéndolo horrible, aunque odio más cuando el empaque es demasiado fácil de abrir y termino derramando todo como los chocokrispis.

Odio cuando el orificio de la tapa de la jarra no coincide con la boca de la jarra, y se me derrama el jugo o líquido por alguna parte.

Odio cuando estornudo pero nadie me dice “salud”, aunque odio tener que decirlo cuando alguien más estornuda. Termino haciéndolo por respeto, supongo.

Odio cuando el Ableton, Premiere, Photoshop o cualquier programa robusto que intimide a mi pequeña laptop se crashea y tengo qué esperar siglos para que se vuelva a abrir mi proyecto.

A veces me pregunto cómo es que no me odio a mí mismo, luego recuerdo que sí me odio bastante pero que me distraigo odiando muchas otras cosas, como los semáforos, realmente me desesperan los semáforos.

Entre olas odio

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