Deconstrúyete, pendejo

Texto: Daniel Bobadilla

«Mira te voy a decir la verdad acá entre nos, namas no vayas a llorar joto. Mira, la verdad es que los hombres de hoy en día ya no son hombres de verdad, antes qué íbamos a andar pintandonos la greña o usando rosa. Nambe mijo, eso es de maricones y eso uste’ se lo tiene que grabar; sea machín, hombre, como su abuelo…»

Esto fue lo que escuchó mi psicóloga cuando le conté porque no me gustaba ir con mi abuelo materno (gustaba porque murió cuando yo era joven), yo tenia 10 años y me regañó por bailar como los Backstreet Boys. Cuando estaba pequeño esto me hizo pensar que ser hombre significaba que no podía disfrutar lo que me gustaba, que ser hombre es guardarse los sentimientos, que no tienes derecho a parecer débil, a llorar… Tus sentimientos no son más que un mito y te fueron extraídos cuando naciste, tú solo conoces el enojo cuando alguien no te responde como tú quieres y el amor cuando alguien cede a tus peticiones, nada más.

Las palabras tienen peso, las decimos tan a diario y tan descaradamente que solemos olvidar esto, las palabras pueden destruir, pero más importante, las palabras pueden crear.

«Hazte hombre», es una frase que todos hemos escuchado y en general nos la han dicho a casi todos los hombres. Hay que dejar de tratar de complacer a los demás, no necesitamos ser un macho peludo para ser hombre; la masculinidad va más allá, está mal encasillarla en la idea que tiene la sociedad en general de ello y déjame decirte que si piensas que la manera en la que te educaron como “macho todas mías que se respeta y te agarro a golpes porque quiero” está bien y “tú eres así porque así debe de ser” estás dejando que los demás decidan por tí.  La masculinidad no responde a ningún constructo social, no deberías de tener miedo a formar relaciones sanas y de confianza con tus amigos; los abrazos no tienen porque ser incómodos, el hablar de tus sentimientos no te va a hacer débil, llorar cuando lo necesitas está bien, no saber cómo sentirte, también.

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Que no te gusten los videojuegos, que no practiques deporte, que vistas con la ropa que te gusta, usar maquillaje, pintarte tus uñas, tu cabello, etc… Hay muchos tipos de masculinidades, no es una competencia, ninguna masculinidad es mejor que otra. Aquí la introspección es importante; mirar dentro de nosotros mismos, cuestionar los propios micromachismos, vernos desde otra perspectiva y preguntarnos: ¿Soy el hombre que quiero o el que me están diciendo que sea? ¿Qué actitudes mías perjudican a los demás?

La masculinidad no existe, la creamos todos los días al existir y cuestionarnos a nosotros mismos teniendo esas platicas difíciles con nuestros papás, hermanos, compañeros de escuela y de trabajo. También corrigiendo comportamientos machistas, enseñando y siendo pacientes con los demás pero sobre todo, dejando a los otros hombres ser hombres a su manera sin ridiculizarnos ni burlarnos. No hay mejor manera de encontrar nuestra masculinidad así que la próxima vez que alguien te diga o escuches que “eso no es de hombres” pregúntate: ¿Qué si lo es?

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