Keep Your Hands Off Eizouken!, los artistas también somos personas

Texto: Diego Gerardo

Muchas veces podemos ser crueles con el arte, podemos darnos de pretenciosos (mamadores) o simplemente ser despiadados y señalar todos los errores para que la gente detrás de dicha pieza no los vuelva a cometer. No digo que la crítica sea mala, es necesaria para aprender pero también no hay que olvidar el trabajo detrás de una película, pintura, videojuego, danza, etcétera, no olvidar el esfuerzo humano mental y físico de llevarlo a cabo. Este esfuerzo detrás de bambalinas es el que nos muestra Keep Your Hands Off Eizouken!

Dirigido por uno de los nombres más pesados actualmente en la industria del anime, Masaaki Yuasa (Devilman: Crybaby, The Tatami Galaxy, Ping Pong the Animation), nos narra la aventura de tres chicas de preparatoria, Midori Asakuza (Sairi Itou), Tsubame Mizusaki (Misato Matsuoka) y Sayaka Kanamori (Mutsumi Tamura), en su sueño de hacer anime.

Yuasa ha demostrado su talento muchas veces tras los años en los que inició su carrera en el mundillo, la primera vez que lo descubrí fue con esta escena de Samurai Champloo. Esta escena en concreto es Yuasa a su máximo esplendor: el cambio drástico de estilo para comunicar que los personajes han consumido un tipo de droga. Deja que la animación sea un viaje de LSD con un tono más de caricatura, de caras alargadas y viajes al espacio.

Volviendo a Eizouken!, les decía que va sobre tres chicas que quieren hacer anime. Cada una representando una parte de lo que es un equipo de una producción de anime: Midori es la artista conceptual, la que se encarga de escribir e ilustrar los mundos, del cómo funciona y se vive ahí, lo cual la lleva al papel de directora; Mizusaki se encarga de la animación, del puro movimiento y diseño de personajes y Kanamori el papel de productora cerrando tratos, llevando las conversaciones con superiores y asegurándose de que sus artistas se pongan a trabajar.

 

Es una obvia carta de amor al anime, el primer episodio nos muestran cómo Midori encuentra a lo que realmente se quiere dedicar en su vida tras una noche de ver unos cuantos capítulos de Future Boy Conan (una serie dirigida por el mismísimo Hayao Miyazaki), en ese momento Midori (que de antes ya le encantaba explorar) queda enamorada del mundo de Conan, de cómo funciona, cómo cada parte de las máquinas tienen una funcionalidad, cómo usan el sonido y distintas tomas para transmitir ciertas emociones y veracidad a su historia; en su cabeza es un mundo emocionante donde realmente podría vivir.

En sus 12 capítulos te enseñan a valorar lo que es hacer un anime; las horas de trabajo, el desgaste físico y creativo de dibujar tantas horas, de pensar en la funcionalidad de un tornillo en el brazo de un robot (y luego animar ese robot), las negociaciones para financiar el proyecto, esas largas horas cerrando tratos, buscando lugares para proyectar el cortometraje, viendo las mejores forma de atraer más gente a que lo vean y hagan ruido en redes y lo compartan con amigos.

Son cosas que muchas veces olvidamos que suceden o sabemos que suceden pero no les prestamos atención o decidimos ignorarlo. No hay que olvidarnos del trabajo humano que cuesta crear, existe un documental sobre el making off de Kill La Kill donde se puede apreciar cómo en los últimos días de trabajo los animadores están totalmente devastados, ya ni siquiera saben sobre qué están hablando a la cámara, solo quieren terminar su trabajo antes de la fecha límite. Aunque igual esto es un problema muy grande Japón conocido como “Karoshi” (literalmente significa “muerte por exceso de trabajo”), aunque yo le diría capitalismo tardío.

Hay una escena donde un pequeño error de Midori llevó a cambiar el final de uno de sus cortometrajes a horas antes de entregar la copia final para proyectarse y venderse, haciendo que los productores de DVD perdieran dinero por la mala gestión de su director y dándoles dolores de cabeza y más trabajo a su animador, productor y director de sonido. Son problemas reales que tienen que arreglarse aunque eso conlleve modificar toda la trama de tu obra.

Lo que hace especial a Eizouken! es que se ve el cariño con el que se hizo, esa misma ilusión de Midori al ver Future Boy Conan se siente, vemos a las chicas fantasear con sus creaciones, imaginando mundos imposibles que quisieran habitar, mundos que quieren que entiendas y te emociones al verlo, en que aprecies el movimiento de sus personajes. Estas secuencias de imaginación tiene un estilo conceptual porque no están del todos terminadas, al fin y a cabo es un sueño del cual Kanamori tiene que arrastrar a estas dos a la realidad para que dibujen ese mundo, pero estas escenas son un deleite visual en el que vemos al director hacer lo que mejor sabe hacer con su equipo de animadores.

Es una serie relajante y graciosa, funciona para apagar el cerebro, perderte y al final del día aprendes a ver el anime (o cualquier otra pieza artística) con otros ojos, busca que entiendas lo que consumes y lo valores. La crítica destructiva nunca es buena (este soy yo diciéndoles no sean mamones y pretenciosos).

Keep Your Hands Off Eizouken! se encuentra disponible en su totalidad en Crunchyroll (el Netflix del anime) y por la situación en la que estamos viviendo, están ofreciendo un mes gratis de su servicio, considero este un buen punto de partida si eres nuevo en este mundillo, es divertido y te enseña bastante. El anime (en general, la industria) es agradable y hay historias muy interesantes pero no hay que olvidar sus problemas (pedofilia, sexismo, machismo), a veces es difícil encontrar una pieza sin estas cosas pero es algo que debemos señalar y hablarlo siempre.

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