Victoria, un gran-corto viaje lleno de amistad y delitos

Texto: Santiago Caamal

Pasármela en la calle casi todos los días (obviamente antes de la cuarentena) a altas horas de la noche me provocó malos rollos con el insomnio, con mi mamá por salir tan tarde, y también alguna vez con las adicciones. Sin embargo, siguen valiendo muchísimo más las experiencias e historias que me han ocurrido durante la noche y madrugada; he puesto en peligro mi vida, he bailado como nunca, he llorado, he tenido miedo y he tenido arranques inexplicables de impulsividad en busca de serotonina y adrenalina. Todo esto me hizo sentir perfectamente identificado con una película de hace algunos años, Victoria.

Ganadora de 6 premios Lola (nombre coloquial de los premios Deutscher Filmpreis, o sea, los premios más prestigiosos del cine alemán) Victoria es una película alemana dirigida por Sebastian Schipper, y protagonizada por Laia Costa y Frederick Lau. Lo más llamativo de este film es que es un plano secuencia, lo que implica que los 140 minutos de viaje son una sola toma sin cortes (aunque si los hay, no son cortes como tal o al menos no son aparentes) y la parte más interesante es que nunca dejamos de ver a Victoria, a pesar de que muchas veces tiene la oportunidad de salir de cuadro, pero explicaré esto más adelante.

En lo que aparenta ser un rave  (muy típicos en Berlín y lastimosamente no tanto en mi ciudad), Victoria, nuestra súper carismática protagonista que no lleva mucho de haberse mudado de España, escucha desde la fila del baño a cuatro chicos locales malcopeando al tratar de entrar al club. Después, ella va de salida y al coincidir «casualmente» afuera, conoce a Sonne, un dude algo mentiroso pero muy divertido que entre vaciles y pretensiones, convence a Victoria de quedarse con él y su grupo de amigos: Boxer, Blinker y (el casi liquidado por el alcohol) Fuss. Se quedó con ellos más tiempo del que ella siquiera pensó y sin imaginarse, estaba a punto de vivir una serie progresiva de eventos densos (entre ellos, delitos) en cuestión de horas, y con una duración tan fugaz como un amanecer mientras los despertadores de la gente funcional apenas estaban empezando a timbrar.

La película goza de unos movimientos de cámara muy naturales, por ratos olvidas que es una sola toma, además, su ritmo es constante y lo mantiene interesante. Como muchas películas, tiene tanto partes lentas como partes rápidas, aún así, no pierdes la concentración, pues incluso en las escenas más tranquilas hay cosas que te ponen a pensar, a soñar o hasta a comparar al crew con tus compas de confianza haciéndote recordar aventuras arriesgadas o incluso una falaz y fugaz conexión sentimental con alguien que acabas de conocer.

Robarle alcohol a un viejo dormido, de repente encontrar el amor, hacerse de un gran varo, idear alguna forma muy arriesgada para escapar de todo el peligro, y festejar los escapes con alguna droga, es algo que muchas y muchos fantaseamos y que algunos otros ya hemos vivido pero, ¿somos conscientes de hasta dónde puede llegar la impulsividad y la diversión por decisión del destino o de nosotros mismos?

La tesis de la película deja en claro que las decisiones que tomamos muchas veces nos pueden llevar a vivir cosas muy maravillosas pero también nos pueden llevar a vivir la pesadilla catastrófica de nuestra existencia. Es como un cara o cruz al lanzar la moneda, y con todo esto, es inevitable pensar ¿por qué Victoria sigue aquí?, una pregunta constante que no necesita ser literalmente respondida pues durante todo el film conocemos a Victoria más y más a fondo; entendemos sus motivaciones y las ganas que tiene de vivir cosas nuevas, de cuidar de los demás y de ser un buen ser humano, por ello es que incluso teniendo la oportunidad de salirse de todo (y esto lo vemos representado en sus salidas de cuadro), no lo hace y prefiere mantener el camino.

Victoria es una película eufórica de mucho suspenso, de mucha amistad, de mucho amor y de mucha casualidad pero definitivamente, de muchas malas decisiones. Recomiendo demasiado ver Victoria, sin importar que no sea la película más actual de la que todo el mundo está hablando realmente es una película que no te puedes perder, además, recomiendo verla entre las cuatro y cinco de la mañana, para vivir la experiencia en 5D.

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