Portrait of a Lady on Fire, el suspenso condenado del amor

Texto: Zara Plesuski

Una strong female lead es de fuertes experiencias, de ambiciones que cumple de manera objetiva y de un pasado con muchas adversidades durante el camino pero ¿Qué la hace sonreír? ¿Qué pasa si se enamora? ¿Qué pasa si no se quiere casar? Portrait of a Lady on Fire nos presenta una aventura llena de prisa y suspenso que quema de forma muy lenta.

Céline Sciamma nos dirige al siglo XVIII; en las orquestas suena Vivaldi, la revolución francesa está a la vuelta y hay una escena fuerte de mujeres artistas. Marianne (Noémie Merlant) tiene la comisión de pintar un retrato de Héloïse (Adèle Haenel). El catch es que Héloïse no puede saber que está siendo retratada puesto que dicho cuadro será enviado a un pretendiente en Milán, y si a dicho hombre le gusta lo que ve este le pedirá matrimonio. La madre de Héloïse sabe que su hija no se quiere casar, entonces Marianne pretende ser la compañía de caminata de Héloïse.

Estas caminatas a la playa están llenas de miradas intensivas, ya que al mismo tiempo se debe hacer la obra. De este modo esta historia de amor, esta basada en la mirada (de forma literal y figurativa). Marianne y Héloïse comienzan a verdaderamente verse, poniendo atención en los gestos y en las reacciones faciales, todo esto lleno de una tensión muy sensual.

Esta historia es presentada principalmente por la perspectiva de Marianne. Sciamma crea a esta mujer sensible y al mismo tiempo, objetiva que durante el film podemos ver cómo su task evoluciona de ver a Héloïse como un objeto a pintar, hasta ver a través de sus ojos y tocarse las almas.

 

Es dirigida, producida y fotografiada por mujeres y por consecuencia, se siente como la historia más accurate del destino de una artista (Marianne) en el siglo XVIII. El valor histórico de esta película también está en la subtrama de Sophie (Luàna Bajrami), la sirvienta joven que se retrata como una mujer de la clase social baja. Las mujeres de esta película entienden los desafíos puestos por el hombre, de cierta manera hay un suspenso dentro de la trama que puede entenderse – aunque los hombres son casi inexistentes – como el patriarcado.

Marianne debe estudiar a Héloïse durante las caminatas y cuando más empiezan a convivir, sus interacciones crecen más simpáticas y más vulnerables. Como consecuencia del prejuicio, la comisión se prolonga. La intimidad de las conversaciones crece y las dos hacen el intento de entenderse hasta que construyen una honesta representación de la otra y eventualmente, la verdad se convierte en un secreto.

“Estando sola entendí la libertad de la que hablabas… pero también sentí tu ausencia.” el diálogo en Portrait of a Lady on Fire conlleva un gran peso puesto que la connotación debe ser interpretada por la otra persona; de cierta forma, son conversaciones que solo son permitidas de pensar.

Visualmente esta película es cómo uno se imaginaría una pintura del siglo XVIII, es emocionante y es un frame muy amplio, hacen a uno sentir como estudiante de cine. Hay momentos que se perciben muy tradicionales gracias a la formalidad de la cinematografía, hecha por Claire Mathon, que hace que se sienta como un periodo de la historia efímero y con vida.

Portrait of a Lady on Fire nos presenta de la manera más romántica ese suspenso condenado de la vida y el amor. Marianne nos muestra cómo sobrevive ella a la tempestad aunque no sea de la forma más alegre pero sí llena de vida. Y aunque sea una película basada en el siglo XVIII no dudo que no haya referencias a la mujer moderna de hoy en día, a la strong female lead del siglo XXI.

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