Papa Topo en Monterrey, todos fuimos felices

Por: Diego Gracida

Un año (y un mes) después de su primer visita a Monterrey, la astro-figura del pop español Adrià Arbona regresaría a la ciudad para presentarse nuevamente gracias a Sushimilco quienes hacen su debut como promotores de shows (Sushimilco Presenta). Papa Topo en Monterrey se repetía pero esta vez como solista, o séase, él solito, con su teclado, un escenario cubierto de globos de colores y una pista para acompañar su performance. Con una fanbase consolidada y apasionada y lo que le sigue de entregada, desde las 10 la gente estaba esperando que Papa Topo tomará su lugar en el escenario, como esperando la última pieza de un rompecabezas para admirar la obra completa.

Es increíble lo mucho que puede ayudar a entender para quién estás tocando, en dónde estás y quién te escucha. Una de mis partes favoritas del show fue consecuencia de esto, y es el momento en el que, con ayuda de los visuales, suena la icónica escena de María la del Barrio donde Soraya Montenegro grita «¿¡QUÉ HACES BESANDO A LA LISIADA!?» mientras todos los asistentes (me incluyo) decíamos los diálogos a memoria, para seguir inmediatamente de inicio de Telenovela, momento donde Papa Topo convirtió Nodriza en una maldita discoteca.

El ser una sola persona no detuvo a Adrià ni presentó un inconveniente, solo se notaba el cansancio, a final de cuentas estaba dando la energía de cuatro personas él solo. Y luego en un momento, en un santiamén, entre globos siendo aventados de todos lados y un estrobo hipnotizante empezaba «Enero», la canción más coreada y querida por el público regiomontano.

Entre toda la gente que se sabía de memoria la coreografía de «Sangre En Los Zapatos (Mi Amor)» y «Lágrimas de Cocodrilo» parecía que Nodriza retrocedió unos, qué te gusta, 37 años y regresó a la época donde los pantalones entubados y los peinados hacia arriba eran algo natural a la moda, y una bola disco descendió del cielo para hacer bailar eufóricamente y sin prejuicios y cada uno de los glúteos presentes el Sábado. Por un momento olvidé en dónde estaba, solamente me estaba divirtiendo.

Algo que también me puse a pensar, fue en cómo es tan increíble que escribas canciones en tu cuarto tratando de decir algo que tienes dentro de tu corazón y por azares del destino te llevan a otro país, y aún mejor, a ser tan cálidamente recibido como lo fue Papa Topo en Nodriza. Sonaba «Ópalo Negro» mientras pensaba esto, y justo se subían dos personas a bailar, Adrià pedía un aplauso para los bailarines y continuó con un “No puedo respirar, estuvo increíble”.

Para sorpresa de todos, en el momento del encore, tocó un éxito de las mismísimas Flans, «Las Mil Y Una Noches» empezaba a sonar no sin antes advertir que no se la sabía completa, en lo que una persona valiente subió al escenario, y dijo “Chingue su madre yo me rifo”, y sí, se rifó, dejaré que la foto de su abrazo termine de decir lo bonito que fue ver ese momento.

Al final tocó la canción que hizo a Papa Topo lo que es hoy en día, la gente que estaba cantando «Oso Panda» calló a Adrià con sus gritos y energía, el piso tembló y solo se escuchó después de una catarsis de baile y emoción “Muchas muchas gracias, enserio me hicieron muy muy feliz”.

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