10 años de pla pla pla

10 años de Pla Pla Pla, todo llega con paciencia

Texto: Diego Gerardo / Fotos: Daniel Bobadilla

La primera vez que puse un pie en Nodriza, fue en un show de Sol Oosel junto a Villalobos y recuerdo haber salido contento y lleno de inspiración, no por Oosel o los Villalobos, si no, por la última banda que se presentó esa noche; fue una con un vato alto con bigote, vistiendo una camisa del Necaxa: Pla Pla Pla.

Recuerdo tener mis pies muertos y el dolor de mi espalda pero cuando Pla se presentó esa vez, me hicieron olvidarme de esos malestares. De ahí en adelante ha sido un poquito más de un año en lo que llevo escribiendo en Waves y lo que más he concurrido han sido shows de Pla, y he tratado de no perderme todos los que hubo durante ese tiempo.

Lo chistoso aquí es que Pla lleva tocando desde que yo tenía 10 años, te deja pensando que durante un gran transcurso de tu vida, alguien que admiras y respetas ha estado trabajando y luchando por lograr sus sueños mientras tú estabas de emo en la secundaria.

Este pasado sábado, con las calles empapadas, nos reunimos para celebrar la década de Pla Pla Pla en el mismo lugar donde empezó todo para mí: Nodriza Estudio.

Albatros fue la primera banda en subirse al escenario para abrir la noche; nos dieron una bienvenida con un instrumental bastante tranquilo con unos sonidos electrónicos. Llevaron visuales de Koyaanisqatsi que fluía de fondo a la perfección con la música; era suave y en cierto punto cálida, perfecta para una noche con lluvia.

Luego tuvimos al trío de Alces, invitándonos a menear la cabeza y quedarnos absortos al suelo. Durante el set hubo un momento donde Mario (guitarra/vocal) se quedó solo en el escenario y tocó un instrumental que hasta cierto punto sonó improvisado, pero igual iba a la par con su sonido y la atmósfera. Al final, Kenneth (bajo) y Liz (batería) regresaron para darnos la oportunidad de moshear.

Los Sweet Honesty pusieron a bailar a todos y el ambiente se transformó de algo astral a camaradería pura; gente abrazada, bailando, y uno que otro slam.

Después de las primeras tres bandas, llegó el momento que todos estábamos esperando. De esas 15 o 10 personas que estuvieron en esa presentación de Oosel, ahora habíamos unas 70 (no tengo idea, el punto es que estaba lleno a comparación). Todos portando el uniforme oficial del Nodriza (la playera de Pla), recibimos con aplausos y gritos al buen Víctor Zamora, Roberto Martínez, Víctor Silva y a Miguel Castillo. Al primer minuto de escuchar «Deer», empieza el mosh con el mismísimo Don Rober en las visuales. Recuerdo haber alzado la mirada y sentir una cheve derramada en mi cara; era como estar en el estadio y tu equipo anota un gol.

La gente empezó a bailar, a empujarse y las referencias a Berserk, Necaxa, Pollo Loco y Escobedo empezaron a salir; las risas y bromas personales que han ido acompañando a Pla desde sus inicios tenían que estar ahí pues juntas conforman la esencia de la banda. Las visuales estaban cargadas de nostalgia a la televisión mexicana; el buen Don Rober haciendo de las suyas, Mr. T tratando de venderte un asador chido, anuncios de cemento, Chabelo… Es una etapa que no me tocó vivir, pero intento comprender esa emoción y sentimiento.

Cada canción que iba pasando, la gente cantaba y se quedaba sin voz. A lo largo de la presentación, Pla compartió el escenario con gente que ha sido influenciada por ellos, bajistas que han estado a lo largo de su historia, Alex Alanís de DRIMS, Mario Llamas de Alces, Osqui de Pura Crema y más.

Pla Pla Pla es una banda que ha construido bastante en la escena, en cierta forma hicieron escuela para muchos de aquí y lo lograron ensayando sin parar y saliendo de sus habitaciones para hacer lo que siempre quisieron; así como Pla me hizo darme cuenta de lo que siempre he querido hacer es escribir de música, hizo lo mismo para varios al momento de armar una banda, tomar fotos, grabar videos, producir, etc. Esto era lo que estaba pensando mientras sonaba «Sandstorm», hasta veía todo en cámara lenta, seguido volteaba a ver a mis amigos para ver sus expresiones, solo los veía concentrados en el show y cantando, meneando la cabeza, saltando, abrazados, bailando, empujándose… Fue un momento bastante extraño pero lindo. Y el show fue eso, una fiesta entre amigos para celebrar el cumpleaños de la banda de uno de nuestros camaradas, una que siempre nos ha acompañado en los días lluviosos, viajes a la facu en camión, en el coche, en pedas…

Lo único que estaba esperando era esa transición de «Thank You» a «864» para darme en la madre con la gente y gritar hasta quedarme sin voz. Disfrutar de la música y ser quien realmente soy.

Ahora solo toca esperar el último disco de Pla y ver qué le depara al futuro a estos cuatro amigos de prepa; probablemente un pollito asado para descansar.

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