Entre Olas #026 Adiós Nunca Yacky

Por: Daniel Rodríguez.

Entre Olas es un espacio donde amigos hablan de la vida contemporánea y las diferentes virtudes de la juventud descontrolada. Esta semana Daniel Rodríguez se despide de un amigo, al que espera ver pronto.

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Si algo me entristece de verdad es la inevitable progresión del tiempo, aunado el enojo por la angustia que siento con las consecuencias que deja; en primera, porque nos es imposible no tomarle importancia; y en segunda porque sabemos que la verdad al final es triste y desfavorable a nuestras condiciones naturales, a todos nos cuesta aceptarla por completo. Cumplí los 26 hace un mes, y esa noche Yacky se estaba yendo… lo sabía desde esa tarde, lo sabía desde antes, pero no lo acepté. En ningún momento me cayó ese peso de desgracia.

Hace 16 años, tenía apenas 1 mes de nacido, a mí de niño se me hizo cruel que lo hayan separado de su mamá, pero fue un sentimiento que me duró nada. Sus ojos eran una ternura, y no era que nos encariñamos de inmediato porque esa noche era navidad, jamás fue un regalo, más bien fue como si llegara alguien a quien no habíamos conocido desde que nacimos, apenas ladraba, y nos lloraba poquito cuando lo subíamos a la escalera. Decíamos “ya nos vamos” y fingíamos irnos, y bajaba corriendo, se le movían bien chistoso las patitas.

En la noche de mi cumpleaños, mi papá estaba en la mesa, con su laptop, pero ya no estaba trabajando, estaba ahí porque quería que supiera el diagnóstico del veterinario, me tomaba una cerveza cuando me había dicho que lo que Yacky tenía era vejez en palabras del médico me dijo, – son muchos años para un perro de esta raza, normalmente viven 12 o 14 años, no me queda duda que le han dado una excelente vida, sin embargo sus órganos apenas responden, a mi juicio hay que aplicarle una inyección para que no tenga una muerte dolorosa, se le pondrá anestesia y se aplicará la inyección- ¿Y si no lo inyectamos cuánto tiempo le quedaría? Pues él me dijo que mañana por la noche o el martes por la mañana.

Para ser honesto siempre me ha dado vergüenza que me vean llorar, una vez que mi padre subió a dormir fui a despedirme de Yacky, mis otros dos perros estaban encima de mí, hubiera querido tener más brazos para apartarlos, para limpiarme las lágrimas y para acariciar a mi viejo, que sólo levantaba la cabeza con esfuerzo para olfatearme. El movimiento, las reacciones y las emociones son las cosas más acertadas del mundo.

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Los amigos se van, no sé a dónde, pero se van, al siguiente día me mandaron una imagen donde decía que existía el cielo de los perritos, y había perritos caricaturizados, quisiera pensar que no está tan lejos, pero sería egoísta, de verdad espero que al final haya un gran jardín lleno de mascotas jugando con las personas que más amas. Nunca fui el dueño más atento, pero él sabía que lo amábamos, sabía que lo protegimos y que le dimos en cada navidad la misma carne que nosotros comíamos; nos acompañaba cada que salíamos a fumar al patio, sabía quedarse callado cuando llegábamos de madrugada, o cuando nos acompañaba hasta el camión y una vez arriba de este lo veías regresarse por donde habías venido.

El cielo de los perritos

Estos días mientras voy en el metro o en el camión he cerrado los ojos un poquito, lo encuentro ahí todo menso tirando la basura de Doña Rosy, haciendo ladrar a los perros de la esquina pasando cerca de los barandales a propósito, mientras yo trato de tirarme al suelo, como si me hiciera el muerto (fue un “truco” para meterlo a la casa, que sólo funcionaba si tenías comida en la mano), acá yo sigo intentándolo, esta vez sólo lo quiero tener cerquita de mí.

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