Entre Olas #025 Crecer

Texto: Eder Ayala. / Fotos: Diego Gracida.

Entre Olas es un espacio donde amigos hablan de la vida contemporánea y las diferentes virtudes de la juventud descontrolada. Esta semana Eder Ayala nos habla de como saltar al abismo puede ser mejor, que bajar por las escaleras.

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Los podcasts han muerto (lo pensé durante mucho tiempo) hasta que un amigo me paso el link de la pagina de convoy. Ahora mientras juego, no escucho música, escucho podcast, y no, no han muerto. Entre los mil y un que te puedes encontrar en esa página, di con el “30 Canciones de los 2000´s”. Lo escuchaba atento, cantando clásicos, cuando de repente en segundo lugar colocan “Kids” de MGMT. Olallo Rubio (el conductor del podcast) menciona que la canción fue resultado de tener diecinueve años y de la fantasía del mundo universitario, mismo que se puede ver como una continuación de la infancia, por que en el fondo todavía no tenemos verdaderas responsabilidades, porque en el fondo seguimos siendo niños. Acabo la frase, empezó la canción, un nudo se formo en mi garganta y mis ojos se empezaron a humedecer. Quería llorar y no sabía por qué.

Durante cada segundo de la pieza musical (la cual llevaba tiempo sin escuchar) pensaba en que estoy a punto de terminar la carrera, en que por fin me podré independizar, en que soy un adulto y no me siento como tal. Son pocas las ocasiones en las que te das cuenta de que te acercas al final de un ciclo y esta fue una muy grande. Escuchar el disco entero de Oracular Spectacular me regreso a los primeros semestres de facultad. El disco salió en 2007 y no es que sea viejo, si no que hasta el 2014 lo conocí. Regrese a cuando jugaba futbol americano y todavía tenia contacto con mi prepa, regrese a las salidas con antiguos amigos con los que ya no hablo y problemas que hace mucho solucione. Hoy tengo otros amigos, hace años que no me acerco a la prepa y mis problemas cada vez suben de nivel.

Tengo veintiún años y la mayoría del público lector tendrá una edad que rondará entre los dieciocho y veinticinco. La mitad de los lectores todavía vive con sus padres o estos los mantienen y la otra ya esta creando su futuro (abra algunos de 25 con sus padres y otros de 18 que no, me puedo equivocar). Estoy en medio, en esa delgada frontera entre ser adulto y ser adulto. Ya no podré despreocuparme por los gastos de la luz o del agua, de la lavandería, de que voy a comer hoy o desayunar mañana, de si la cena este lista o no. Ya no podré decir “que lo haga mi hermano, estoy haciendo tarea”, ya no podré tener mas de un mes de vacaciones. Pero también estoy a punto de independizarme, conocer el mundo, saltar por el precipicio, de equivocarme libremente. Salir de la casa de tus padres es como quitar la red que se encuentra debajo de los trapecistas en un circo y aumentar la dificultad de sus acrobacias y aun que da miedo, emociona, lo quieres hacer ya, si te preguntaran, seria mañana incluso.

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Entonces regresa toda la emoción de crecer, aquella emoción que perdiste cuando te diste cuenta de que los adultos también lloraban, también sentían miedo y que no eran más libres que tú, esa emoción regresa y empieza a correr, se topa con la pared de la melancolía. Te das cuenta de que te faltaron mas de cien cosas por hacer, como tener un amor de verano, como que tu mejor amigo no fue tu vecino, como que nunca fuiste boy scout o acampaste de niño. Te das cuenta de que hiciste cien cosas que nunca planeaste hacer, como aprender a tocar instrumentos, tener una relación seria y no fugaz como todos, trabajar un turno de ocho horas. Y no queda de otra, cuando seamos adultos, en verdad adultos, no podremos irnos de vacaciones a cuando teníamos quince años, ni podremos decirle a nuestro jefe que se nos olvido la tarea, que mañana se la entregamos, tampoco podremos faltar al trabajo porque nos sentimos un poco mal, ni copiarnos la tarea en la mañana antes de que empiece la clase.

Pasar de ser adulto a ser adulto, es como saltar a un precipicio. Hoy lo veo desde arriba y no se ve aterrador, puede incluso parecerme divertido o cómodo, hoy lo veo desde arriba y no visualizo problema alguno o situación que no pueda manejar, pero no. Si bajáramos las escaleras del precipicio podríamos enfrentarnos a los problemas lentamente, solucionándolos uno por uno, con facilidad. Pero vamos cayendo a una aceleración de 9.8 metros por segundo, nos topamos con uno, con otro, y con otro problema, se acumulan, entraremos en caos, nos dolerá, lloraremos y querremos regresar a cuando teníamos catorce años, nos pondrá en una situación tan difícil que para cuando toquemos el suelo no habrá un dolor mas grande que eso, todo lo demás que viene será mas fácil. Es mejor recibir todos los golpes en uno solo y fuerte, si los resistimos ganamos la pelea.

Me emociona crecer, es un hecho. Todavía me quedan tonterías pendientes, como que me pare una patrulla o pelearme por una chica, pero también he hecho otras, como hacer un viaje solo ó ir a miles de conciertos. Hare una mochila gigante donde meteré todos los errores que he cometido junto con su moraleja, todas las camisas sucias y los pantalones rotos, los rechazos y los días tristes, los amigos que se fueron y los recuerdos que dejaron, partiré de mi casa y me enfrentare cara a cara con lo que significa vivir.

Si me ven derrotado, es por que lo estoy haciendo bien.

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