Tractact del Purismo Musical

Por: Mauricio Tinajero

B espera fastidiado el momento para bajar de su autobús, es una cifra nada significativa en la estadística demográfica de su ciudad y no pertenece a la diáspora, pero día con día se ve obligado a transitarla y, lo mas relevante aquí, a convivir con aquellos otros que sí pertenecen a esta.

A veces sueño que B se vuelve un poco menos recio con su juicio hacia sus cohabitantes, que sonríe y agita un poco la cabeza con el ritmo urbano que arroja el abrazador sistema de sonido del autobús, que recicla algunos versos (los mas insospechados) para hacer chistes o que se le antoja bailar de forma espontánea, y esto nos lleva a darle un giro al habitual genero de la siguiente noche de peda.

Pero no pasa de los confines de mi cerebro, en los hechos, B sufre una enfermedad extraña y degenerativa que, eso sí, en fechas tempranas de su detección se ha comprobado que es 100% curable. En la mayoría de los casos no presenta síntomas que generen un sentimiento de preocupación en el enfermo, esta misma causa ha dirigido históricamente a quien la lleva en su sistema a engendrar generación tras generación de enfermos que ignoran su condición y los males que esta acarrea.

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>> Ahora que he satisfecho mi dosis de novelista frustrado, entrare en materia <<

Desde hace un mes, tengo una corazonada esquizofrénica que insiste en que escriba respecto al purismo musical, la razón es simple; hace exactamente un mes que me considero curado de este, y es natural que cuando una mente con una capacidad reflexiva promedio logra superar un momento de conflicto, esta se deshaga tratando de dar explicaciones. (pero amable lector, no te canses aún, tratare de ser breve)

Comencemos aclarando dos puntos simples:

  1. El sitio donde te has criado o el varo que tienes (o tienen tus papis) de ninguna manera va a determinar esa mierda amorfa que usualmente llamamos “gusto musical”, dicho de otra manera, no por proceder de un barrio complicado se nace reggaetonero, etc. (Y sí, en efecto el agua moja, pero es necesario puntualizar lo anterior para ver el panorama completo)
  2. Que tus influencias o aquello que escuchas regularmente entre en lo que la sociedad ha denominado; “de calidad”, “de verdad”, “de buen gusto”, no te vuelve ni moral, ni espiritual, ni intelectualmente superior a nadie.

Si le pones coco puedes imaginarte la versión “viceversa” de ambos puntos, y estos “pininos ideológicos”, deberían bastar para comenzar con el tratamiento, claro, sólo si nos interesa desligarnos de la enfermedad en cuestión. Yo poco sé sobre nada, pero confíen un segundo a ciegas, con paciencia y una lectura decente se puede empezar a resolver la mini crisis existencial y de paso sembramos una reflexión que puede cantar mas o menos así:

La historia de la música, si la observamos como una bola enmarañada de un chingo de historias que conforman un todo, nos ha mostrado cómo se pueden desatar distintos rostros de su naturaleza, durante la misma época, por ejemplo, si el Dr. Emmett Brown nos prestara el DeLorean y volviéramos a los 80s, podríamos ver el nacimiento del rap, el desarrollo del new wave, la decadencia de la música disco y el rock rondando la cúspide de la industria. (Por ejemplo, si el azar anduviera de tu lado, chance podrías ver a RUN-D.M.C. abriéndole a The Clash)

Cuando escucho conversaciones sobre este tema tengo el sentimiento de que mucha bandita imagina este devenir musical, como la línea evolutiva que les enseñaban en la escuela primaria. Lamento decirles que ni la evolución humana, ni la música “avanzan” o se desarrollan de forma lineal, donde uno suplanta al otro.

Poniéndole un poco de imaginación, es mas acertado dibujar este proceso de la historia musical, como las raíces de un árbol, algunas suben a la superficie, otras se sumergen en sitios recónditos de la tierra, pero invariablemente la mayoría se une en algún punto. (Aúnque les cueste un huevo creerme, Tame Impala y Bad Bunny comparten un chingo de elementos en su estructura, elementos que probablemente heredaron de sus influencias.)

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La lección que nos deja esto, no es, ni de broma, que toda la música es de forma abstracta lo mismo, y tampoco nos debe llevar a caer en el argumento de que el arte no es objeto de debate o crítica (como si fuera un jodido ente divino y siguiéramos habitando la edad media), pero es prudente cambiar la forma con la que criticamos a tal o cual género. Y algo muy importante que nos conecta con nuestros primeros dos puntos: esta forma renovada de entender la música debe venir acompañado de una madriza interna a nuestro yo clasista, de esta forma si gustamos de introducir argumentos sobre las letras de las rolas, sobre la industria que lleva detrás o sobre su base de fans, lo haremos desde un puerto ligeramente mas solido.

Así que al igual que mi alter ego, el podrido B, obséquiale un respiro a tu ano y dale oportunidad a esas rolas que en el fondo te han provocado, o has deseado poder disfrutar sin tapujos, pero hasta hoy, que hemos desenmascarado a tu enfermedad purista, habías alejado con toda hostilidad de ti.

>>No dejen que la conciencia del arte bese a la estupidez en la boca <<

Espero que con esto se les derrame una chelita en el perreo.

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