En el nombre de la madre, la hija y de la casa voguera

Texto y Fotos: Lily Horta

Antes de ir a lo bueno, para los que no están muy familiarizados con los términos o no saben qué es un Ball, básicamente es un evento en donde se reunen distintas houses o casas para competir en distintas categorías. Las casas son como “familias” en donde sus integrantes son educados y formados por las respectivas madres de la misma y todos adoptan el nombre de dicha casa. Este evento nació de la contracultura lgbt+ en Estados Unidos (por eso los términos son en inglés) y bueno, si les interesa más sobre el tema les recomiendo ver Paris Is Burning (está en Netflix) ahí hablan un poco sobre los inicios de la cultura del ball y más cositas. Regresando al evento, como su nombre lo da a entender, el Catolicunt Ball se llamó así por su temática: el catolicismo. Los participantes se vistieron con sus prendas más sagradas y opulentas para competir en las distintas categorías de la noche: European runway, american runway, realness, hands performance, old way, dramatics, virgin vogue femme, face y sex siren (perdón sin se me pasó alguna). Esto fue organizado por House of Apocalipstick, quienes también hacen talleres para aquellos interesados en alguna categoría (y cosas afines).

Llegó al hora de comulgar y el warm up estaba a cargo de Borrego LaBeija, todas ya andaban haciendo su entrance y arreglándose para lo que fuimos convocados. A las 11 en punto la competencia empezó con un runway de todos los participantes y la presentación de la jueza de la noche: Guerrera LaBeija, mística del old way y vogue femme. Y así, categoría a categoría el asunto fue escalando; el público fue más ruidoso, las prendas más pequeñas y la actitud más perra. Algunos personajes que se me quedaron grabados fueron Piscis Macho con su inmaculado hands performance, Femmebot con su runway perrísimo, Veneno en face godess y Peligrosa, la invicta sex siren.

En ocasiones resulta difícil encontrar espacios o lugares en donde personas que estamos fuera del espectro heterosexual nos podamos sentir suficientemente cómodas; esto va desde estar con tu pareja a vestirte como quieras y básicamente ser. No lo digo a manera de “pobrecitos”, simplemente es la realidad de una ciudad como Monterrey, que sin echarle (más) trash, andamos muy atrasados en cuanto a maneras de pensar y en abrirnos a otras persepectivas. Digo todo esto porque el Catolicunt Ball y este tipo de eventos van con el fin de crecer como comunidad y mantener la unión entre aquellos que son parte de y sus aliados; Aunque debo mencionar que en esta ocasión hubo dos onvres que andaban grabando sin pena a morras. Si bien el evento es abierto para todo público se debe de mantener el respeto a sus participantes y entre personas en general. Dejando de lado ese suceso, todo el eventó fluyó y puedo decir que no me había emocionado tanto por una competencia desde hace mucho. Terminando en palabras de los chanters: “En el nombre de la madre, la hija y la casa voguera”.

 

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