Niños del Cerro nos trae ‘LANCE’, la catarsis de nuestra juventud

Texto: Diego Gracida

Calificación 4/5

Niños del Cerro vuelve, después de tres años de su grande debut Nonato Coo, el cual los posicionó a nivel internacional como una de las varias bandas promesas chilenas y es un bello homenaje a la emoción juvenil y las ansiedades incomprensibles de empezar a crecer, acaba de sacar su nuevo álbum llamado Lance, un viaje a diferentes lugares, de la tranquilidad al ruido y el caos, y de regreso, y a veces te deja ahí, flotando en el limbo.

Es una época interesante para la música chilena, al menos las cuatro bandas que yo consideraría las más importantes en su escena, ahorita han sacado material nuevo, Patio Solar el año pasado con Migración, este año El Cómodo Silencio De Los Que Hablan Poco con Amanda, y Planeta No, que también tiene planes de sacar su nuevo material antes de que acabe el 2018. Patio Solar se clava más al dream pop, ECSDLQHP se sumerge en el mundo del trap y Planeta No ahora hace canciones de reggaetón, pero Niños del Cerro se adentra en la música experimental, presentándonos un disco el cuál yo dividiría en dos partes: lo que suena a Nonato Coo y lo que la banda quiere terminar sonando ya avanzada su trayectoria. Me recuerda un poco a la transición que tuvo Little Jesus entre Norte y Río Salvaje.

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Empezamos con una melodía calmada, hasta parece prólogo de algún cuento de hadas, “Sufre” nos adentra a los próximos 50 minutos que vamos a emprender, marcando todo el ritmo de subes y bajas para recordarnos que ya la juventud quedó en el pasado, y somos lo que nos ha hecho daño. Después de una melodía creciente para terminar en distorsión, le sigue “Contigo”, con un ritmo latino pegajoso y sabrosón donde es notable la cantidad de capas que contiene la canción; con múltiples instrumentos sonando a la par, solamente para que te pares a bailar. Y la verdad es que sí, ‘contigo me siento menos mal’. “Flores, labios y dedos” se disfraza de una relación complicada con el amor solo para darnos cuenta que es una bella sonata a la marihuana, y la ansiedad que a veces conlleva, acabando la canción con unos gritos ahogados que simulan la ‘pálida’, valdría la pena hacer el experimento de escucharla bajo los mismos efectos que la inspiraron.

Mis canciones favoritas del disco curiosamente son las que son con algún artista invitado, y lo que más siento pegado a lo que fue Nonato Coo, pero en su versión 2.0; más potentes, más experimentales, con unos arreglos que cumplen completamente su función llenarte el corazoncito de alegría, aunque bueno, la letra te lleva a otra parte. Primero, “El Sueño Pesa” (feat. ChiniAyarza) empieza con un riff calmado, y una batería con la que de repente te estás dando cuenta que bailas a su mismo ritmo, y va subiendo, poco a poco, hasta llegar a ese hermoso ‘tanto como la muerte’, donde todo simplemente explota en guitarrazos agresivos para que se apague el fuego con unos arreglos ambientales que dan la sensación de estar perdido en la selva. Tal vez es la canción perfecta para antes de irte de viaje, un paisaje sonoro que baila entre los sueños y la muerte. Seguimos con “Las Distancias” (feat. MartinaLluvias) que funciona más como una balada, con estos ritmos latinoamericanos, pero el coro, oh dios, el coro es una cosa impresionante. Creo que he olvidado cuantas veces he soltado la lagrimita escuchando a Martina cantar. La atmósfera es más calmada, menos explosiva, pero esta misma marea es la que te lleva como un barquito de papel.

La rola que le da el nombre al disco, “Lance”, empieza como una excusa para hacer una canción pop, recayendo nuevamente en lo andino, y da inicio a esta segunda parte que les comentaba de lo que es y será el nuevo sonido de Niños del Cerro, con canciones muy largas acompañadas de diferentes facetas entre sonidos ambientales de ruidos producidos de la ciudad, y una distorsión que nos da a entender el ‘esto somos ahora’. “Lance” nos presenta el primer solo de guitarra del disco, un ruido caótico entre campanadas de reloj y guitarras distorsionadas, y un lindo ‘si sabes bien que me quiero morir’, durante 8 minutos, es por mucho una de las mejores canciones de los Niños.

Entrando a la recta final del disco, “El susto y el miedo” nos entrega a la euforia para encontrarse a si misma en la tranquilidad, una invitación a la incertidumbre que es sentir no saber qué hacer, sumergido en unas aguas negras de auto sabotaje y duda. El segundo solo de guitarra del disco nos acompaña sobre esta idea de qué hacer después de que algo acaba y no sabes cómo continuar. “Javiera y los vientos” funciona como una transición, o más bien una introducción a la última canción del disco, un poco bastante instrumental y con una voz distorsionada en loop mientras la música sigue haciendo lo suyo.

Han pasado un poco más de 40 minutos en este viaje por la introspección, la soledad, la dualidad y la experimentación, y “Melissa/Toronjil” nos acompaña de la mano para finalizar esta experiencia. Una voz en la primera parte de la canción que suena cansada, pero tiene cosas que decir, complementada de las guitarras que cada vez se van haciendo más potentes, para así, al final, de una forma catártica y melancólica dejarnos ir con un solo ruidoso recordándonos lo bonito que es pasar tiempo con tus amigos. ‘Vamos a sanarnos de verdad si dejamos pasar días infinitos de abrazar la pena que nos da. Vamos a sanarnos de verdad si dejamos pasar días infinitos de abrazar Melisa Toronjil’.

En resumen, Lance logra capturar de manera digital la energía que tiene Niños del Cerro en sus presentaciones en vivo, le hace justicia a los 3 años que pasaron de espera entre sus dos discos, en los cuales se dedicaron a tocar tocar y seguir tocando, y es posible escuchar todo lo que aprendieron en el camino. Uno de los mejores lanzamientos del año, otra vez por una banda latinoamericana.

Lance de Niños del Cerro se encuentra disponible en todas las plataformas digitales. La banda tiene planeada una gira por México antes de finalizar el año, con presentaciones confirmadas en la Semana de las Juventudes y el Festival Neutral en la Ciudad de México.

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