X QUNIENTOS; Sobre la migración sin mencionarla

Por: Arturo Méndez

El duelo de la migración inevitable y el dolor de una transformación por la supervivencia, son el reto de tres jóvenes que con orígenes distintos pero conflictos similares, navegan aferrados a una identidad en crisis y a la esperanza de encontrar su lugar en un mundo donde el concepto de familia fue reemplazado por violencia.

Después que su madre ha muerto, María (Jembie Almazan) viaja desde Manila a Montreal para vivir con su abuela, donde se integra a una pandilla local mientras se enfrenta a los modelos de autoridad que la rodean. Alex (Jonathan Díaz Angulo), un joven afro-colombiano deportado de Estados Unidos regresa a su antiguo barrio ahora controlado por criminales, su objetivo de sacar a su hermano menor de las calles se ve frustrado cuando termina involucrándose en asuntos aún más peligrosos. Al morir su padre, David (Bernardo Garnica Cruz) deja su pequeño pueblo en Michoacán para irse a la Ciudad de México, donde trabaja jornadas largas en la construcción, se hace amigo de un grupo de punks que adoran a La Santa Muerte, y se sortea la vida entre las pandillas del peligroso barrio donde vive.

En X Quinientos (también conocida como X500), Juan Andrés Arango (La Playa DC, 2012) nos sumerge en el viaje profundo que hacen sus protagonistas hacia su interior propio, y nos obliga a mirar sus realidades muy de cerca, recordándonos constantemente que la capacidad de adaptación de una persona es lo más importante para su supervivencia.

A pesar de que las historias suceden a miles de kilómetros de distancia, Arango logra poner sobre la mesa una tesis sobre migración, identidad y violencia, dando relevancia a temas como la crisis global de refugiados y la inmigración en Norte América sin siquiera mencionarlas y enfocándose en la unidad mínima del conflicto humano: las emociones.

Una coproducción entre México, Canadá y Colombia, filmada en cinco diferentes idiomas y lenguas; inglés, francés, español, tagalog y mazahua, son muestra de la ambición por mantener una narrativa fragmentada y sin cruzar caminos entre los protagonistas, evitando atentar contra la singularidad de cada historia contándola desde sus propios rincones.

La iluminación natural, encuadres sencillos, desplazamientos de cámara aparentemente descuidados y una corrección de color específica y diferente por cada historia, que nos entrega Nicolás Canniccioni (director de fotografía), se amalgaman en una atmósfera que en ocasiones nos recuerda al documental, y que combina perfecto con el uso de un ya poco común formato 4:3 (1:33), resultando en una narrativa visual que provoca tanto claustrofobia como cercanía del personaje con el espectador.

Otro punto digno de mencionar cuando hablamos de ejecución natural son los actores, que de hecho son personas originales de las comunidades donde fue rodado el filme y que tienen experiencias cercanas a las de sus personajes. Con el objetivo de sacar mayor provecho de su desempeño, Juan Andrés Arango nunca les hizo leer el guión o memorizar diálogos, en su lugar les mostró situaciones específicas por cada escena para obtener su reacción más espontánea.

Por su parte el montaje de Felipe Guerrero nos envuelve con un ritmo tan constante que incluso podría parecer abrupto en los cortes entre un personaje y otro, pero definitivamente aporta consistencia a la cinta y nos invita a no perder de vista a ninguno de los personajes ni sus historias.

La música tiene también un papel importante pues se relaciona directamente con la construcción de personajes, y en este caso nos muestra como los gustos musicales de un joven se relacionan directamente con sus dudas y la búsqueda de una identidad propia. La música rap que adopta María en las fiestas que organiza la pequeña pandilla local a la que busca pertenecer, el punk-Rock y la cumbia con los que David baila junto a sus nuevos amigos de cabellos picudos y ropas con remaches saltados, así como la música sensual de los centros nocturnos en los que Alex disfruta con mujeres y sus nuevos compañeros de mafia, son elementos que nos hablan mucho de la personalidad que cada uno de ellos intenta construirse durante la hora y cuarenta que dura este drama.

Finalmente, X Quinientos logra narrar claramente tres historias de vidas marginadas por la crisis de identidad y la violencia, bajo arcos dramáticos similares pero sucediendo en escenarios totalmente distintos con tres jóvenes personajes que aprendieron, y creo que nosotros junto con ellos, que cuando la migración es inevitable la adaptación y el dolor son parte del camino.

Este artículo fue originalmente publicado en Medium.

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