SOL OOSEL; un día en la playa con olas llenas de melancolía

Texto: Diego Gerardo / Fotos: Ana Meraz

Entramos al largo y oscuro pasillo de Nodriza, el rojo,  el blanco y el azul reinaban en el fondo del escenario, diversas conversaciones y chistes sonaban a mis espaldas, palmeras colgaban de varios hilos blancos. Un hombre alto, flaco con unos pantalones negros y camisa blanca se preparaba para su show mientras fumaba un cigarrillo que se escondía en su gigantesca barba, la calma dominaba el local.

Varios golpes empezaron a sonar, eran como truenos de una lluvia de otro planeta y así es como Sol Oosel (antes conocido como Gustavo Mauricio) regresa a escena después de más de cinco años para presentar JANUS. El sonido de Oosel lo podría describir como un día en la playa con olas llenas de melancolía, la iluminación se tornó a un rojo oscuro donde la cara del cantante era iluminada por los flashes de las cámaras, ocultaba su mirada con unos lentes de sol negros.

Diversos invitados subieron al escenario, Mauricio aseguraba que todas las canciones que interpretó con ellos eran sus favoritas. Alejandro “Chancho” Constanzo de “Pura Crema”, Rodrigo Gerardo de “Villa Lobos” y Alejandro “Chajoe” Isassi de “Niña Rockband” acompañaron a Gustavo tocando la guitarra, el ruido de las guitarras se disfrazaban con el sonido de Mauricio, casi no sentía que estaban ahí; la voz de Oosel se ahogaba en las imágenes que pinta con su música. “Salusita”, expresaba el vocalista al público cuando alzaba una cerveza que le habían llevado para refrescar; el show de Oosel me trajo muchos recuerdos de antiguas amistades y momentos que jamás volveré a repetir, cuando era niño y tenía pensamientos puros, sentía ser llevado a la orilla de la playa por las olas de melancolía. Gustavo va construyendo este escenario de viejos recuerdos con sus movimientos de baile para después romperlos con una explosión de energía y pasión.

Después de tomar un poco de aire fresco los chicos de VillaLobos tomaron las riendas del escenario; a comparación de las explosiones de melancolía y sonidos del espacio de Sol Oosel, el ruido de los lobos era uno más conocido. El ambiente para bailar se alzó y aunque en la primera fila del escenario nadie lo estaba haciendo, un grupo numeroso de personas en la parte de atrás estaban moviendo sus cuerpos al ritmo de la música.

La música de VillaLobos era algo más convencional a comparación de lo que se escuchó hace algunos minutos, pero no eran malos haciendo lo suyo. No me nacieron esas ganas de bailar, aunque por un momento su música se tornó en una discoteca, incluso había un globo en el techo del escenario que simulaba ser una bola de disco. Lo que más me llamó la atención de la banda fue cómo Rodrigo trataba su guitarra, quedé hipnotizado un largo tiempo observando como sus dedos se deslizaban por las cuerdas y los trastes. Era algo bonito, sentía la pasión de la banda al tocar y eso es algo inspirador de ver.

Para cuando tocó Pla Pla Pla mis pies y espalda estaban muertos, las anteriores actuaciones habían succionado toda mi vida, rezaba que la última banda no tardara mucho en arreglar todos sus instrumentos pero la transición de VillaLobos a Pla Pla Pla fue rápida. En esos momentos solo pensaba en tirarme en mi cama, pero cuando escuché a Pla en vivo, mi dolor desapareció. La discoteca que Villalobos había construido hace algunos instantes fue demolida, las guitarras dominaron el escenario al final, el bajo tocaba al ritmo de los latidos de un corazón acelerado, la energía del baterista al fondo era contagiosa, fui seducido bastante rápido a su música. Estos chicos lograron despertar en mí esas ganas de bailar (algo que VillaLobos no logró) y era una pena que la mayoría de personas ya se habían ido, la cantidad de gente disminuyó demasiado entre bandas, siendo al final un total de 15 o 18 (puede que incluso menos), pero eso hacía que ese momento fuera un poco más especial; era como estar en un ensayo de la banda.

Era una tristeza que mucha gente se había ido sin escucharles, si hubieran dejado a Oosel al final esto podría haber sido distinto, pero también hay que recalcar que el evento empezó más tarde de lo planeado. Independientemente, fue una velada maravillosa; en un momento estás siendo llevado a la orilla de un mar de otro planeta, luego en una discoteca y al final terminas en un ensayo con desconocidos; fue un viaje divertido.

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