El Monterrey Emo Club cierra su segundo aniversario destrozándonos en domingo

Texto: Diego Gracida / Fotos: Daniel Rodríguez

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Jamás hubiera pensado que iba a tener un fin de semana tan largo y agotador. Todo pintaba bien, ir el sábado a mis compromisos, y el domingo llegar directo al Nodriza para el concierto. Pero el mensaje de Cheke (Sad Saturno) en la tarde del sábado cambio todo, con un simple “Oye crees que nos puedas tirar paro para dormir en tu casa hoy? :(” encaminó toda una aventura para uno de los mejores conciertos del año.

Empezamos llegando a una carne asada, a la cual habían invitado a las bandas, la tercera vez que como carne asada en los tres años que llevo viviendo en Monterrey (por favor invítenme a más, está bien rico) y fue ese momento incómodo de presentarme y ver de dónde se podía sacar plática con los bellos AMBR y Sad Saturno. Conversaciones triviales acerca de cómo les trato la carretera y pues, de música. Después de unos taquitos y ver cómo la mitad de los chavos estaban ya dormidos procedimos a ir a mi cantón. Organizarse para dormir tampoco fue fácil, creo ayudo mucho el que la mayoría iban tan cansados que cayeron tendidos en el primer punto cómodo que encontraron. Terminaba el día uno.

Empezamos el domingo, día del show, despertar y apenas caerte el veinte que estás en Monterrey, tomar una pausa de la mañana solo para salir de la casa y ver el cerro, regresar a la casa luego de darse cuenta que aparte de una hermosa vista en Monterrey hace un vergo de calor. Así las bandas. Parecía una escena de alguna sitcom chafa de los 90’s, algunos jugando con los perros, otros yendo a la tienda por provisiones y los demás haciendo fila para usar el baño. Después de 3 horas de estar cheleando, Salim (MEC) nos esperaba en los Combi Tacos para desayunar. (Fun Fact: No comimos otra cosa que no fueran tacos durante el fin de semana)

Ya con la pancita llena y con ganas de ver qué sigue, se presentaron dos opciones, chelear o turistear. Opté por la primera mientras parte de las bandas se iba a conocer Barrio Antiguo en su primera visita a la ciudad. No sé muy bien cómo les haya ido pero algunos se compraron aretes de Kanye West mientras el resto se la pasó cheleando un poco antes del show, acompañados ahora de Mantarrayas, banda de Torreón que toma cerveza como si fuera un deporte, y que nos estaría acompañando en la noche.

Y ahora sí, ya en Nodriza, honestamente, ya cansado del rock pero consciente que la noche apenas empezaba. Y pensar que aquí empezaría la reseña si no me hubiera hablado Cheke. Después de un Vive100 y litro de agua de limón estuve listo para las bandas que nos estaban visitando.

Los primeros en pisar el escenario fueron El Gran Orgo, quienes les hacen honor a su nombre al ser unas pinches bestias arriba del escenario, con un screamo acompañado de una especie de performance donde cada quien se mueve y se tira al piso y están pasando muchas cosas al mismo tiempo pero suena cabrón. Difícil de explicar, espero las fotos les hagan justicia.

 

Ahora los de Torreón, Mantarrayas parecía que se había traído a toda su ciudad natal para el show, un chingo de raza se abrió paso hasta el frente en el momento que empezaron, y entre el vocalista diciendo “Que chingon que vinieron todos en Domingo, y ojalá sigan apoyando este pedo” cerraron Victoria, la rola que me hizo seguir escuchándolos. 10/10 el punk rock cervecero.

 

Lo que más me entusiasmaba escuchar ese Domingo era a AMBR, banda capitalina que pues como ya les dije llevaba cotorreando más de 24 horas y sí me consideraba fan desde antes, y su EP no les hace justicia en vivo, hay muchos arreglos en la guitarra y los gritos que se pierden al momento de traducirlos a un archivo wav, aunque a promesa de ellos, su nuevo EP ya viene bien cabrón, el cual presentaran en el DF el 21 de Abril por si quieren ir. Cerraron con “y ahora como regreso” rola que no he dejado de gritar desde ese día. Tal vez los recuerden como la banda que tenía al bajista loco.

 

Seguidos los Sad Saturno (alecbú), banda que ya parece local en Monterrey, creo que ya vinieron 3 veces en lo que va del año, y la gente no se cansa de ellos, eso es algo muy, muy bueno. Creo es el hecho que cada vez que vienen su show es diferente, ahora con full band y con unos arreglos que traían desde una laptop mantuvieron la energía que nos mantenía vivos en domingo, y como siempre para cerrar “Salven la torre del reloj” termino de hacerle daño a toda la gente que lo necesitaba, y el escenario se llenó para gritar con ellos.

 

Local Champion ha estado tocando muy seguido últimamente (finalmente) y solo eso faltaba para que dieran ese paso arriba de tocar ya después de las 10, y aparte como la única banda local. Espero pronto ya salgan de la ciudad y se den a conocer en más lados de la republica. Ah, y tienen un baterista que tocaba pasadísimo de verga.

 

Después de los (campeones) locales en el horario decía que iba a seguir Tiny Moving Parts, se sentía en el ambiente que ya todos queríamos que empezaran, pero Sureste se empezó a montar, y empezaron a tocar, dejándonos con un poco de desilusión. Tal vez eso, y el que hayan llegado a tocar inmediatamente después de bajarse de 10 horas de viaje en carro fueron los factores por los cuales el set de Sureste lo sentí, apagado, y que ellos no lo estaban disfrutando. También hubo problemas técnicos, pero al final del día, su publico canto con ellos y eso es lo que importa.

 

Para finalizar lo que todos estábamos esperando, Tiny Moving Parts, banda que hace un año nos había visitado y dudaba que regresaran tan pronto, pero sacaron nuevo disco y aquí estaban, otra vez a 5 pasos de distancia, esta banda que escuchaba encerrado en mi cuarto aprendiéndome las letras de sus canciones, los estaba viendo en vivo. Todo pasó rápido y con mucha energía, gente volaba por los cielos, unos se quitaban la playera para poder ser un poco más libres y todos cantábamos, y fue como wow, en palabras del vocalista, “Music fucking rules”.

 

Acabo el show y mis piernas ya no respondían, fui derrotado por el rock, solo quedaba la energía para ir por unos tacos donde todos los chilangos pidieron de suadero, y despedir a nuevos amigos al día siguiente.

Han sido dos años. Dos hermosos años de poder disfrutar en Monterrey bandas que yo juraba que me iba a morir sin verlas. Monterrey poco a poco se está convirtiendo en una ciudad clave para la música en México, y parte de esto es gracias al Monterrey Emo Club. De parte de todos los que hemos podido gritar en sus shows letras que nos marcaron durante nuestra vida, gracias Salim, Gerardo y Josele.

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