La Forma del Agua: Un cuento de hadas y el fracaso del sueño americano

Texto: Adrián Quiros 

The Shape of Water o La Forma del Agua, como la conocemos aquí, es la nueva película del director mexicano y hermano gemelo del que te atiende en los tacos, Guillermo Del Toro. Esta es su décima película y de nuevo toma control de una producción norteamericana con actores de gran nivel como Michael Shannon, Sally Hawkins y el genial e irreconocible Doug Jones, quien sigue rehusándose a hacer una película donde se le vean los cachetes.

La Forma del Agua es un cuento de hadas ambientado en un Estados Unidos de los años 50’s, después de la Segunda Guerra Mundial y a inicios de la Guerra Fría con la Unión Soviética, nos muestra un mundo fantástico y a la vez acartonado, en la cúspide del sueño americano.

La protagonista es Elisa (Sally Hawkins), una empleada de limpieza incapaz de hablar, que vive acostumbrada a una rutina de levantarse, jalarle el cuello al ganso (literal y metafóricamente), hacer el almuerzo e ir al trabajo con Zelda, su compañera sassy-afroamericana, en una súper-secreta base del gobierno donde se realizan algunos de los experimentos más extraños. Obviamente todo esto cambia cuando un extraño visitante llega al laboratorio, una creatura anfibia-humanoide calcada de la clásica película del Monstruo de la Laguna Negra traída desde el Amazonas por el irascible Richard Strickland (Michael Shannon) un personaje tan siniestro y volátil que inmediatamente pone sus ojos sobre la pobre Elisa.

Elisa siente compasión por la creatura mientras limpia sin supervisión (y poco después de un horrible incidente) la escotilla del monstruo. Ambos empiezan a comunicarse por medio de comida, música y lenguaje de señas, poco a poco se desarrolla una compleja amistad entre estos dos personajes solitarios en el mundo que florece en un romance de proporciones Tim Burtonescas.

Para salvar a la creatura, Elisa pide ayuda a Giles, su excéntrico y solitario vecino gay de closet y diseñador gráfico, quienes trazan un plan para extraerlo de la base y liberarlo al océano, esconde al Monstruo en su departamento, arriba de un cine, y lo mantiene vivo a través del agua de la tina del baño, sales, y mucho mucho amors. El romance entre ambos comienza a crecer a tal punto que quieres ver a los personajes triunfar y vivir felices para siempre, pero todos sabemos que eso es imposible… ¿Verdad?

En fin. La historia es simple, y como cualquier película de Guillermo Del Toro, está plagada de agujeros de guión y sub-tramas sin sentido.

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PERO

Hay algo que encuentro en esta cinta y que aún no he visto en muchas de las “pelis más chidas del 2017”: corazón.

La cinta nos narra, muy genialmente, lo bello, lo malo, lo curioso e incluso lo sexy (no intenten imaginarlo si no han visto la peli) que es el amor. No es solo la historia de una chica muda teniendo inter-curso con el monstruo de la Laguna. Estos son personajes complejos cuyos defectos los vuelven solitarios, pero a la vez tan parecidos, es algo que creo que conecta con la audiencia a un nivel más allá de efectos especiales y chistes de albur.

Hay algo inherentemente siniestro y desolador en el amor que parece desparramado en la fotografía, soundtrack y rostros de los personajes solitarios que habitan esta película.

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La farsa del sueño americano.

Casi al inicio de la película, el personaje de Richard Strickland es atacado por la creatura quien le muerde dos dedos de la mano para que luego se los reinsertan y pasa el resto de la historia tomando medicina y esperando a que estos sanen.  Pero estos nunca sanan.

Este personaje representa los valores y el estilo de vida del Sueño Americano, es un personaje que lo tiene todo, una casa, la esposa modelo y un par de hijos que lo idolatran, pero su obsesión reside en complacer a sus superiores, como un niño pequeño que necesita la aprobación de su padre para que el mundo tenga sentido.

Richard no puede concebir un mundo donde los Estados Unidos no son la potencia más fuerte, donde Dios es blanco y donde un hombre puede ser feliz con un Cadillac. Esta desesperada búsqueda de sentido a su vida es su motor en la búsqueda de la creatura y en la extraña atracción que siente por Elisa, una persona tan visiblemente diferente a su visión del mundo.

Durante la película la mano del personaje se pudre cada vez más, a la par que su paciencia y la de sus superiores de encontrar a la creatura se terminan. Richard hará hasta lo imposible por mantener su visión del Sueño Americano.

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Los monstruos necesitan amor.

La creatura cuya similitud al personaje de la película de Hellboy (cinta del 2006 del mismo director) es notable, es interpretada por el mismo actor, Doug Jones, quien siempre que Del Toro necesita de alguien de proporciones inhumanas para pintarse con látex, ósea siempre, lo llaman.

A pesar de estar cubierto de pies a cabeza con escamas y que en una escena se come a un gato, sientes simpatía por este personaje. No sé si es el nivel de actuación de Doug Jones, el cual ha mejorado con los años, o si es la química que tiene con la actriz Sally Hawkins, pero se percibe una evolución compleja que va desde una creatura aterradora, a un niño perdido en un mundo que no conoce y finalmente a un dios de las profundidades del mar.

La forma del agua ya se encuentra en salas de cine de México. Actualmente se encuentra en el primer lugar de taquilla del país y Guillermo del Toro fue acreedor al Globo de Oro por Mejor Director gracias a su trabajo en esta cinta.

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