Entre Olas #11 Confesiones con mi soledad

Texto: Marco Marín. / Fotos: Diego Gracida.

Entre Olas es un espacio donde amigos hablan de la vida contemporánea y las diferentes virtudes de la juventud descontrolada. Esta semana Marco Marín nos habla de algo que tal vez todos hemos sentido en Navidad. 

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Últimamente me es tan difícil escribir, inspeccionar dentro de mi es como ver un film gore al que ves con un ojo tapando el otro.

Me encuentro hoy a 21 de diciembre tomando mis 15 minutos de sol, porque la vitamina D me hace bien, uno se pone a pensar en todas las consecuencias que trae el ayer, he de decir que bien me han dicho médicamente que debía bajar mi consumo de alcohol, nunca lo hacia, nunca me importo del todo, he pasado días sin comer, en la cárcel, y he lastimado personas por ello, la cruda moral es infinita, nunca eso me hizo cambiar, a veces tomaba por felicidad a veces por depresión, y lo cierto es que nunca he sabido afrontar mis miedos.

Mientras disfruto del sol en mi rostro y bebo limonada, me pongo a reflexionar que tal vez, ya es momento de darle descanso a mi cuerpo, descanso de la porquería superficial, de la escoria material, si, 22 años se sienten como 32, ¿que podías exigirle a la vida si fumas desde los 15? Señalo un amigo, a lo que respondí, con mucha suerte, “nada”. Ciertamente un 12 de Carta Blanca y unos Marlboro rojo no son la mejor opción para mi ya. Con franqueza les aseguro que nada de esto me hizo mejor hombre, ¿Saben porque? Porque huyo de la realidad, y la realidad es dura, la vida es dura, y en esta vida dura y triste les diré lo que es peor, estar sedados por un placer temporal, para olvidar a quien amamos, para ignorar el desempleo, o la muerte de alguien.

He vivido sedado desde la adolescencia, para ignorar a Dios, el infierno, y el desamor, aunque no todo puede ser tan malo ¿cierto? Muchas veces nos conectamos con otros mediante el alcohol o las drogas, rituales de la era posmoderna, ya no es necesario ir a la sierra para vivir una catarsis colectiva, y generar empatía por el prójimo.

La verdad es que muchas veces no nos damos cuenta de que hemos pasado la línea, y yo recién lo supe ayer, mientras le marcaba a mis amigos para decirles lo mucho que los quería, claro que es bueno demostrar tu aprecio, pero ¿Por que lo hacia solo estando ebrio? Me cuestione, descubrí que era un mecanismo de defensa creado por mi inconsciente para no hablarle a la mujer que amo, para no cometer el error de buscarla. Creo que es hora de lidiar mi abstinencia a su ausencia de la manera correcta, es hora de que me duela mas pensarla, de ser hombre, porque el amor real se sufre.

Y bueno, el sol ya se ocultara, no hay demasiado que decir, ¿Que moraleja hay de esto? Bien, no la hay del todo, lo triste es triste y hay que recibirlo aunque te parta la cara, solo les diré que de vez en cuando, es mejor cambiar la cerveza por limonada.

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